Steve Stricker tiene cuarenta y cuatro años. Su historia como profesional es totalmente atípica, y al igual que Miguel Ángel Jiménez, su juego parece ganar quilates con la edad. Se hizo profesional en 1990, después de graduarse en la Universidad de Illinois, a los veintitrés años. Le costó seis años más conseguir una victoria en el PGA Tour (Kemper Open), la segunda (Motorola Western Open) llegó solo dos meses más tarde. Hasta ese punto todo indicaba que la carrera del estadounidense iba a ser meteórica y que los triunfos se repetirían cada año, sin excepción.
No fue hasta el año 2009 cuando ese supuesto se cumpliera. Stricker se desató y en tan solo cinco meses obtuvo tres victorias. Todo parecía ir al revés. Tenía cuarenta y dos años y lloraba en el green del 18 cuando conseguía ganar. ¿Cómo lo hacía? La respuesta se volvía evidente al verle jugar. Hay muy pocos jugadores en el golf profesional que igualen a Stricker en algunos aspectos de su juego.











