
Sábado, tercera ronda del Shell Houston Open y Phil Mickelson con la bola pinchada en el tee del 18 del Redstone Golf Club Tournament Course y el driver en la mano. El lago que preside todo el lateral izquierdo de la última calle del recorrido se presenta como la última amenaza para la extraordinaria vuelta que Phil Mickelson, que hasta el momento acumulaba 8 birdies sin fallo y ningún resultado mayor de 4 en su tarjeta. A la presión de terminar como líder y salir en la estelar del domingo, se le añadía la de igualar el récord del torneo de 63 golpes, hito para el Lefty necesitaba un birdie. Había que atacar esa bandera, si quería saborear la gloria, aunque un par no era nada malo.
Diecisiete hoyos impecables pero Phil Mickelson no lo veía nada claro desde el último tee. Comienza la rutina previa al golpeo de la bola pero hay algo que no le acaba de encajar. Su caddy, Jim “Bones” Mackay, lo pilla al vuelo e inmediatamente le da una alternativa inteligente para jugar el hoyo. Madera 3 al draw, efecto que permite huir del temido lago y un palo que el zurdo domina. Hablan y Phil asiente, saca la bola del tee, devuelve el driver al caddy y coge la madera 3. Pincha de nuevo, ahora sí lo ve claro y se dispone a pegarle a la bola tal cual han dibujado el golpe él y Jim.





