
Parto de la premisa que no tengo ni idea de como mantener un campo de golf en magnífico estado, que es más que probable que no pueda diferenciarte más de tres tipos de hierba diferentes, pero a pesar de eso, cuando cada mañana juego en mi club, y veo el mimo que todo el equipo de mantenimiento le dan al campo, día sí y día también, uno acaba valorando el trabajo del greenkeeper y de todo su equipo, sin bien es cierto, que considero que soy de esos pocos que lo hacen, porque si no, no puedo entender las cantidad de piques que sigo viendo sin arreglar en los greenes, una falta de respeto para el campo, para el resto de jugadores y para todo el personal que se esfuerza en presentar el campo en las mejores condiciones posibles
Sin embargo, este fin de semana me he llevado una grata sorpresa cuando he aprovechado la oferta del día del padre en el Salobre Golf que el otro día os comentaba en el Campo Sur del Salobre golf, el recorrido más antiguo de los dos recorridos existentes, y del que pronto espero poder incluir en nuestra guía de campos, un campo comercial, muy divertido por su diseño, que permite jugar agresivo o conservador muchos de sus hoyos, aunque los excesos se pagan. Uno de esos campos que permiten divertirse a toda una familia, sin embargo, a mi juicio, su punto débil, siempre habían sido los greenes, bien cuidados, pero más lentos de lo que a muchos de nosotros nos gustan, y en los que era más fácil acabar desquiciado que disfrutando a la hora de puttear.








