
La progresión que vemos habitualmente en un profesional es que, después de muchos años entrenando al máximo nivel, llega al momento cumbre de su carrera ganando un major. No parece haber sido el caso de Darren Clarke. El norirlandés, después de estar a punto de retirarse la temporada pasada al firmar 81 impactos en el torneo Hassan II (Marruecos), decidió parar a mitad de temporada para descansar y volver con más ganas a la competición. No le fue nada mal. Ganó el Iberdrola Open en Mallorca y el Abierto Británico en Sandwich (Inglaterra). Sus resultados llegaron después de haber parado la maquinaria.
El resto de la temporada nadie esperaba que volviera a ganar. Había sido su año de más éxito y ganar un major requiere un doble trabajo: el que te lleva a la victoria y el que viene después de ella. Muchos se sobrecargan de éxito y no consiguen volver a la élite (David Duval, año 2001). Siguiendo su progresión en contra de los cánones, Clarke ha decidido dar un paso más. Después de ser fotografiado dando buena cuenta de vasos enormes de Guiness, ha decidido mejorar su apartado físico.




