Imagen del murciélago patudo. En menos de una semana, a los que nos gusta esto de la información y estar conectados, hemos podido ver y leer como el golf y el mundo “normal”, ese que pisamos todos los días, parecen vivir en órbitas paralelas, y para nada siquiera, tangenciales. Mientras, por un lado, el web de la RFEG publicaba una excelente información sobre el valor ecológico del campo de La Sella en Alicante y su reserva de murciélagos autóctonos como especie protegida (tema que ya trató Ovidio en Fuera de Límites el año pasado) en Doble Bogey se hacían eco de una mesa redonda y jornadas celebradas en Madrid de Ecologistas en Acción en las que, simplemente, se nos ponía a caer de un burro.
Supongo que, como siempre, todo el mundo tiene argumentos y realidades para mostrar a patadas y, una vez más, los extremos intentarán cualquier cosa, menos a juntarse. Ocurre en este y otros temas, pero realmente llama la atención que ambas realidades convivan en el mismo mundo y… se ignoren. El golf, desde su lujoso “guetto” bien protegido de cualquier mundanal roce con realidades que más bien hay que afrontar por los cuernos, y los ecologistas, desde la soflama y el linchamiento en cualquier oportunidad que se les brinda, cumpliendo con su papel de agitadores medioambientales.










