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A lo largo de mi carrera deportiva entrené a chicos y chicas que habían empezado en el deporte desde la edad de dos o tres años y que cuando llegaron a la primera madurez post-adolescentes lo dejaron, pues no tenían ilusión, ni interés, ni les "divertía" seguir practicándolo, preferían divertirse con otras cosas o prepararse únicamente para ejercer una profesión, se producía en ellos lo que muchos definíamos como "el síndrome de la infelicidad". Reconozco que soy admirador de Sergio, me gusta mucho su manera de "manejar" los golpes, como mucho me disgusta su actitud deportiva. Cuando se retiró temporalmente creo haber intuido que las razones que tenía para ello, no sólo estaban en el golpe sentimental que había sufrido, sino que engarzaban con el síndrome que comento. Es posible que Sergio haya sido impelido por su entorno a no dejarlo, es posible que sus patrocinadores mantengan una conexión contractual que casi le obligue a seguir, es posible que después de sus últimos triunfos en España el año pasado haya recobrado un punto de pasión por el golf, al menos es lo que a nosotros nos parecía en su intento de recuperar buena parte de su ranking mundial. Pero he aquí, una vez más, que nos encontramos leyendo noticias, haciendo comentarios y tratando, de buena fe, de aportar soluciones a sus comportamientos, en la creencia de que la preparación psicológica-deportiva o la técnica le van a sacar del atolladero. No puedo opinar en profundidad de los problemas de los demás cuando ni siquiera me conozco a mí mismo... no puedo decir, a ciencia cierta, qué es lo que le pasa a Sergio... solamente puede opinar desde mi experiencia personal y deportiva, y desde tal perspectiva, lo único que atisbo a ver es que Sergio no es feliz con el golf, que parece atacado del síndrome de la infelicidad y que busca la dicha y el disfrute en otras actividades. Tengo la impresión, por último, de que Sergio no alcanza a ver que tiene muchos menos detractores que seguidores, admiradores y fans a los que -en el caso de estos últimos- provoca una frustración enorme con sus actitudes y comportamientos. Honestamente, creo que efectivamente, ha llegado a una encrucijada... o lo toma o lo deja -dice un refrán muy nuestro- pero perpetuar la actual situación, no sólo le perjudica a él, sino que deteriora, en buena medida, la admiración hacia el deporte del golf que despierta toda figura destacada que lo practica.
Existen grandes deportistas en muchas modalidades del deporte, pero existen muy pocas grandes personas que sean deportistas...Azahara siempre me ha impresionado por lo buena y gran persona que es, ponderada,sencilla y humilde (qué extraordinaria anécdota: se preguntaba porqué la habían puesto en el último partido de la Solheim Cup), enorme en lo mental y con una capacidad de sufrimiento y de interiorización extraordinaria...sigo pensando que es una pena que no se den más partidos en directo del golf femenino...ayer quienes tuvimos la suerte de verla en directo, pienso que disfrutamos emocionados como hacía tiempo que no lo hacíamos... felicidades Azahara.
Buen post Ovidio...yo soy de los que no sólo tenemos que cuidarnos, sino de aquellos que estamos en tratamiento médico...por ello me gustaría insistir en lo que tu expones y que se refiere a la ropa y a las gorras con tejidos y filtros solares (factores 25 y 50). Es cierto que es algo más cara, pero la salud y la responsabilidad deberían hacernos pensar seriamente en protegernos mucho más de lo que lo hacemos...seguro que nuestras familias lo agradecerían infinitamente.
Comprendo que hay negocios, establecimientos, comercios y empresas para mayorías y minorías sociales. Francamente, 310 € diarios por dormir, desayunar y jugar al golf me parece que, con la que está cayendo, sólo está al alcance de algunas minorías...cada uno con su empresa puede hacer lo que quiera y cada uno es muy libre de gastarse el dinero como quiera. Existen magníficos establecimientos en Tenerife y existen tarifas muy atractivas para jugar al golf ahora en temporada baja (hasta octubre) que en modo alguno llegan a esa cifra. Esto es algo que quienes estén interesados en acudir o visitar la isla (creo que puedo decir sin temor a equivocarme, las islas) tienen que saber y conocer. No tengo nada en contra de Abama, pero me parece que es un segmento y una oferta al alcance de pocas personas y lo creamos o no, el mundo, los valores y los intereses están cambiando vertiginosamente y más temprano que tarde tendremos que pensar en lo que vale, de verdad, cada cosa...
A veces tengo la impresión de que definitivamente hemos perdido la brújula...es respetable que no le guste el golf, no es digno de la menor estrategia de marketing que lo califique de tonto y, de paso, que nos llame tontos a los que lo practicamos...desde luego, si querían un nicho de clientes entre los que practicamos golf, pues...lo han bordado...no, si ya lo decía mi abuela..."no hay más ciego que el que no quiere ver"...
Buena pregunta...no creo que sea por las campañas de promoción ni por la difusión mediática, por lo que creo que más bien es una respuesta individual que surge de alguna de estas opciones: o por tradición familiar, o por amistad, o por venir de otros deportes. Mi caso pertenece a esta última opción, pues empecé con doce años en atletismo y fui pasando a otros deportes colectivos a nivel profesional, hasta que mi cuerpo dijo que ya estaba bien. Entonces seguí en el deporte, pero en su enseñanza y en su instrucción. Un día, un buen amigo traumatólogo y buen golfista me dijo que tenía que darle más "respiro" a mi cuerpo y que debería probar el golf. Fué un buen consejo que no me arrepiento de haber seguido, pues como deportista, que me considero, es el deporte más difícil y complejo que he podido practicar y el que después de una vida de competiciones es el que me ha ofrecido el último y más alto nivel, el competir conmigo mismo.
Durante el tiempo que vengo participando en FL nunca he ocultado mi posición crítica hacia el rol que desempeñan las federaciones deportivas en nuestro país y siempre he fundado tales críticas en aspectos que para mi no tienen discusión ni se prestan a interpretación. Veamos. En nuestro texto constitucional son dos los artículos que hacen referencia al deporte. Por una parte, el artículo 43.3 que establece que los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte y, por otra, el artículo 148 que determina las materias cuyas competencias pueden ser asumidas por las Comunidades Autónomas y entre las cuales está el deporte, por ello y de acuerdo con el texto constitucional las Comunidades Autónomas han dictado sus propias leyes del deporte. Por lo tanto, según lo previsto en la Constitución, les corresponde a los poderes públicos el fomento del deporte. Pero una vez dicho esto debemos tener en cuenta que la estructura organizativa nacional del deporte es mixta, es decir, público-privada pues en ella participan la Administración del Estado (Consejo Superior de Deportes), la Administración Autonómica, la Administración Local y las Entidades Privadas, comprendiendo dentro de estas últimas, los Clubes, las Ligas Profesionales, las Federaciones Deportivas, las Sociedades Anónimas y el Comité Olímpico Español, entre otros. Las relaciones entre las Administraciones Públicas se rigen por el principio de colaboración y cooperación en sus funciones. Bueno, pues he aquí ahora el nudo gordiano de mis críticas. La Ley 10/1990 del Deporte Español y el Real Decreto 1835/1991 sobre Federaciones Deportivas Españolas, consideran a éstas "asociaciones privadas sin ánimo de lucro que ejercerán por delegación funciones públicas actuando como agentes colaboradores de la Administración Pública" (Art.1 RD 1835/1991) En el deporte actual se debe contemplar la distinción entre el deporte-práctica y el deporte-espectáculo. El deporte-espectáculo incorpora los valores propios de la sociedad mercantilista. El deporte-práctica es el deporte aficionado y, dentro de él, el denominado popular o de masas es el que conecta de modo más claro con la salud individual y colectiva y es a éste al que se refiere nuestra Constitución. Llevo muchos años defendiendo esta idea. Las federaciones deportivas, como agentes de la Administración con funciones públicas, deberían dedicarse exclusivamente a fomentar el deporte tal y como lo contempla nuestra Constitución, esto es el deporte aficionado, el escolar y el universitario, y todo ello desde la perspectiva que contempla nuestra Carta Magna, que no es otra que la de fomentar la educación, la cultura y la salud. Para mi no es sólo una cuestión de en qué gastan y cómo lo gastan es, fundamentalmente, qué hacen y qué deberían hacer.
Estoy contigo en que el golf es un deporte muy complejo, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también físico -pues se requiere una preparación muy dotada en aspectos relativos a la coordinación , flexibilidad y estabilidad que no podemos ni imaginar- y, sobre todo, a nivel mental. Es en este último aspecto en donde creo que, tanto para los profesionales como para los amateurs, los déficits resultan más amplios. Es posible que la respuesta de muchos de nosotros y de los pros en la amplia panoplia de excusas, tenga más que ver con un sentido innato de autoprotección, que una falta de coherencia o de sinceridad con uno mismo. De todos creo que es conocida la famosa anécdota de Jack Nicklaus de cuando un periodista le preguntaba por sus tres putts en un torneo y su respuesta respondiéndole que el nunca había hecho tres putts en su carrera como golfista y su sostenida reiteración cuando algunos otros periodistas le recordaban que acaba de suceder y su tozuda respuesta negándolo. No voy a negar que -como dice un amigo- el golf es el juego de las excusas, pero, a veces, resulta eficaz negar lo evidente si tienes el firme propósito de trabajar duramente para corregir los errores, es una manera de no "minar" tu autoconfianza. En cualquier caso, la actitud de Castiñeira, me parece que revela una respuesta más que sincera y que yo inscribiría en los mismos objetivos expuestos y que seguramente a él le van bien...reforzar su autoconfianza ante un mal resultado.
El problema no es una portada, ni el efímero protagonismo de la noticia, el problema es que a ningún organismo rector del golf le importe un pimiento que un niño o una niña, como hace unos meses, participe en un evento para adultos, por mucha que sea la destreza y habilidad que tenga, porque, en definitiva, es eso lo único que le puede equiparar a un profesional del golf y mientras se siga creyendo que el golf es sólo una cuestión de técnica, este no será el último caso. Un niño o una niña de esa edad no han terminado de formar sus bases neuronales ni sus bases neoromotoras, no han logrado la madurez sexual, no han desarrollado plenamente toda su fisiología esquelética y muscular, no han desarrollado plenamente el cerebro, no han adquirido las bases relacionales ni las experiencias sociales que le permitan enfrentarse a la realidad por sí solos de manera autónoma y, sin embargo, se aplaude la "gracia" de enfrentarlo a la alta competición, aquella para la que ni siquiera algunos adultos están bien preparados...qué mala noticia, qué odiosa sociedad del espectáculo en la que todo vale...
El artículo de Stina Sternberg en Golf Digest y su punto de vista y razonamiento es magnífico y tu comentario me parece más que oportuno, porque pone encima de la mesa -de nuevo- la necesidad de normalizar la relación del golf con la sociedad y de acabar con el estigma de ricachones insensibles e impresentables que se nos atribuye, pues no sólo se trata de repudiar y acabar con comportamientos discriminatorios -como los que denuncia Stina Sternberg- sino que en el caso nuestro se trata -como digo- de cuidar, de una vez por todas, la imagen que transmitimos y proyectamos (me viene a la memoria el affaire Hotel Palace) Que el golf tenga unas reglas milenarias no puede ser excusa para que no deba ser respetuoso con las normas y costumbres sociales que imperan en un tiempo y una época determinada y su adaptación al tiempo actual, no es solamente una cuestión de sentido común, sino la razón de su propia subsistencia. Tal vez deberían de plantearse esta cuestión en norteamérica para encontrar la respuesta al hecho de que en los últimos cinco años el 35% de quienes abandonan el golf sean jóvenes.
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