
Hace un año, Azahara Muñoz era nombrada Rookie del año en el LPGA Tour. Comenzar una nueva vida en un circuito como este no es nada sencillo. Supone viajar por medio mundo con la bolsa de golf a cuestas, perderse en aeropuertos asiáticos y comenzar en un campo que no se conoce una y otra vez, como si de un bucle se tratara. Hay un riesgo importante de perderse en el camino y jugadoras con más experiencia nos muestran cada año la dificultad de mantenerse, de seguir en la brecha. Ella estaba preparada para superar el reto y consiguió pasar el corte en sus once primeros torneos, sumar dos top10 y no bajar del trigésimo primer puesto.
El que consiguiera ser la mejor entre todas las que comenzaron su aventura en 2010 anunciaba que este año sería importante, y no exento de dificultades. Ser la rookie del año también significaba más presión, justo lo contrario a cuando empezó de cero en el circuito. Volvió a demostrar que estaba preparada, y a pesar de lidiar con algunos cambios en su swing a comienzos del año ha concluido con quince cortes consecutivos y un momento estelar: la Solheim Cup.





