
Lo que ayer le sucedió a Brian Davis es algo que un profesional no le desearía ni a su peor enemigo. El inglés hizo todo lo que estaba en su mano para llegar a jugar un playoff de desempate contra Jim Furyk, incluso meter un putt de más de cinco metros en el último hoyo de su vuelta regular. Y lo consiguió.
A veces el golf es caprichoso y ayer lo fue con Davis, que pegó un hierro 7 de segundo golpe que botó en el borde izquierdo del green, pegó en unas rocas y aterrizó en una mezcla de hierba, ramas y cañas. Al hacer el backswing, Davis admitió que había tocado alguna de esas ramas, incurriendo así la norma 13.4 que regula el movimiento de impedimentos sueltos y obteniendo dos golpes de penalización.









