
Ayer por la noche tuvimos uno de esos finales apretados, uno de esos que en un determinado momento, no teníamos nada claro quien se podría llevar el abrazo de Arnold Palmer al acabar el torneo, aunque en los últimos hoyos todo parecía indicar que sería Steve Marino el que podría llevarse este torneo, pero su salida en el hoyo 17, un par 3, se quedaba en el bunker, dejando un huevo frito, de esos, con los que si sales con un bogey, lo ves hasta con buenos ojos.
Steve Marino salía con un doloroso doble bogey del hoyo 17, que lo acabaría pagando su bola, porque menudo viaje le mandó al driver en el siguiente hoyo, dejándole la posibilidad de ir a por una bandera, de las que sólo los kamikazes se atreven a mirarlas. Steve Marino fue a por ella, pegó un golpazo y consiguió el birdie. Por atrás venía, Martin Laird, que con un segundo golpe a green muy conservador que nos hizo pensar en un tripateo y play off. La clave del torneo fue el huevo frito del 17.










