
Si hiciéramos una encuesta preguntando a un gran número de golfistas cuál es el palo que más miedo les da pegar o cuál palo creen que no pegaran en el centro de la cara la mayoría se decantarían por un hierro largo. Si además la muestra se compone de jugadores con un handicap alto la mayoría sería abrumadora. Por eso, no es de extrañar que los palos que más adeptos han ganado en los últimos años hayan sido los híbridos.
La combinación hierro/madera comenzó como el sustituto perfecto para los hierros 2, 3 o incluso 4 y permitía que los golfistas de handicap más alto añadieran una velocidad extra a la que normalmente salían despedidas sus bolas al contactar con la cara de un hierro. La versatilidad de los híbridos también eran un gran recurso para golpes largos desde el rough. Durante los últimos años, los fabricantes y el concepto de híbrido han evolucionado y ya no sólo se fabrican para jugadores amateur, ahora los profesionales tienen híbridos más adaptados a sus necesidades pero sin dejar de ofrecer: regulardidad, distancia y polivalencia.


