
Rory McIlroy no ha jugado ni un solo torneo desde el Masters de Augusta, disputado hace ya un mes. Se trata de un ritmo de competición bastante bajo si tenemos en cuenta que el norirlandés juega tanto en el PGA Tour como en el European Tour, y debe cumplir con un mínimo de torneos por año para mantener su tarjeta. Durante esta semana y previa disputa del Wells Fargo Championship, al joven jugador se le preguntó a qué se debía este cambio en su planificación habitual. “Tengo un buen tramo lleno de torneos por delante, aquí, The Players, en Wenworth en Europa, el Memorial y luego el U.S. Open”, declaró el pasado miércoles. “Estoy deseando que llegue y quiero jugar bien aquí e intentar llegar en un buen momento al U.S. Open. Es el próximo gran objetivo para mí”.
Este descanso de McIlroy llama la atención en el furioso ritmo de competición que se vive hoy día, en que jugar cada semana parece lo más normal, pero tiene antecedentes históricos bastante significativos. Ben Hogan, después de un accidente de tráfico, tuvo que disminuir sus apariciones considerablemente, hasta el punto de llegar a jugar sólo cinco torneos en 1951. Sin embargo, no por ello disminuyó su capacidad para ganar. Hogan ganó aquel año el Masters, U.S. Open y el World Golf Championship of Golf.




