
Los jugadores que consiguen un major pasan a formar parte de una lista que incluye a los mejores de la historia. ¿Por qué funciona así? Porque esos cuatro torneos que se disputan anualmente son los que mayor tradición y dificultad entrañan. Suponen las mayores hazañas que se pueden conseguir en este deporte porque se demuestra, a cada edición, que requieren un mayor nivel de juego que el resto de torneos regulares. Los greenes acostumbran a ser los más rápidos, el rough está más alto y siempre cuentan con los mejores jugadores del mundo entres sus participantes.
Las grandes historias en el deporte profesional cuentan con ese factor de dificultad, imprescindible para alzar un mecanismo tan simple como golpear una bola a la superación personal, el sacrificio de horas de prácticas; el momento en que el deporte pasa a ser algo más. Luke Donald nos mostró este año la dificultad que entraña ganar dos órdenes de mérito, rayando la perfección en veinticinco torneos alrededor del mundo. El European Tour y el PGA Tour son competiciones muy exigentes, por eso ser el mejor en ambas es un hito que sólo el inglés ha conseguido en los últimos años. Por eso llama la atención cómo Ai Miyazato ha ganado la Orden de Mérito del Circuito Europeo Femenino con tan sólo dos torneos jugados.









