La organización del Masters justifica la nueva ampliación del recorrido

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El Augusta National, el campo que acogerá desde el próximo 6 de abril la LXX edición del Masters, ha vuelto a alargar su recorrido (141 metros más), lo que ha levantado ampollas en el colectivo de jugadores pero que, sin embargo, la organización justifica con alusiones al “espíritu de Bobby Jones”.

“Desde el primer Masters en 1931 este campo de golf ha estado envuelto en este proceso de cambios, que hoy continúa. Como en el pasado, nuestro objetivo es mantener la integridad y el valor de los golpes en el campo de golf, como previeron Bobby Jones y Alister Mackenzie”, declara Hootie Johnson, el director del club más elitista del planeta.

Para Johnson, “los resultados de los jugadores no son el factor determinante” para esta nueva remodelación. “Protegemos el campo de golf conforme a los tiempos”, asegura.

La mayor longitud del recorrido ha dolido, especialmente, a los puristas de este deporte y a aquellos golfistas con manifiesta dificultad para mover el ‘driver’ y alcanzar largas distancias, pese a que todos los jugadores envían la bola mucho más lejos que hace tan sólo cinco años, debido principalmente a los avances tecnológicos en palos y, sobre todo últimamente, en bolas.

Los considerados grandes ‘pegadores’, en cambio, guardan silencio por el momento ante lo que se avecina en la próxima edición del Masters. En ese grupo figuran golfistas de relieve como Tiger Woods, Vijay Singh, Phil Mickelson o Sergio García.

Seve Ballesteros, bicampeón de este torneo, aseguró dos días antes de comunicar su renuncia a jugar este año que los cambios en el recorrido, que afectan a seis hoyos (1, 4, 7, 11, 15 y 17), “eliminan la posibilidad de victoria para el cincuenta por ciento de los participantes”.

Un pronóstico éste que puede cobrar verosimilitud si el tiempo seco y soleado descubriese los verdaderos “greens” ondulados y marmóreos de Augusta, unas condiciones atenuadas en las últimas cinco ediciones por la lluvia.

El recorrido mide ahora 6.804 metros -el año pasado ganó Tiger sobre 6.663 metros-, pero la hacienda donde se ubica el campo de golf ya no da más de sí. Por ejemplo, el ‘tee’ del uno ha sido retrasado hasta las proximidades de la zona de prácticas de ‘putt’, lo que deja virtualmente cerrada la puerta a una hipotética nueva remodelación para ajustar el campo a los tiempos, como aboga Hootie Johnson.

Las empresas dedicadas a la fabricación de palos y bolas no están dispuestas a arruinar sus negocios poniendo freno a sus investigaciones, y los campos, como le ocurrirá al Augusta National en unos años, tendrán grandes dificultades para acometer reformas que, se quiera o no, transforman radicalmente el diseño original.

El conflicto plantea un futuro incierto y el cisma parece que se encuentra a la vuelta de la esquina. Mientras, los jugadores, como ajenos al vendaval que se avecina, observan perplejos cómo las banderas en los ‘greens’, miradas desde el ‘tee’, cada vez más parecen pequeñas astillas en el horizonte.

Vía | Marca

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