Japón ya tiene su propia galáctica

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Q-SchoolLPGA2005AiMiyazato05.jpg Acostumbrados a idolatrar a las superestrellas del deporte mundial, los Beckham, Bryant, Tiger, Federer y compañía, iconos siempre de importación, los japoneses celebran la eclosión del nuevo fenómeno del golf femenino, su compatriota Ai Miyazato.

La nipona de 20 años batió todos los records en la Escuela de Clasificación del LPGA Tour imponiéndose por doce golpes de ventaja sobre la segunda clasificada, el mayor margen en la historia de esta prueba que data de 1973.

Nunca antes la sala de prensa para la Escuela del circuito femenino americano, celebrada en Daytona Beach (Florida), había estado tan concurrida. Se acreditaron 96 medios de comunicación, 62 de ellos japoneses. Cada golpe de Miyazato a lo largo de las cinco jornadas establecidas fue captado por medio centenar de cámaras, un seguimiento sólo comparable al que acapara Tiger Woods.

La temporada 2006 del LPGA Tour tiene visos de convertirse en un gran circo mediático. Televisiones y sponsors ya se frotan las manos. A la primera temporada como profesional de Michelle Wie se une la irrupción en el circuito americano de la japonesa Ai Miyazato, quien trae consigo millones de seguidores entre sus compatriotas, que ya la han convertido líder de audiencia en su país.

Tampoco hay que olvidarse de otra joven que ha conseguido la tarjeta, la norteamericana de 17 años Morgan Pressel, aunque hasta que no alcance la mayoría de edad no podrá ser miembro del circuito. Sí la supera, aunque por poco, Britanny Lang (19), quien también acaba de conseguir la carta. Su esperada entrada en el tour ha suscitado gran expectación sobre todo desde que finalizó en segunda posición (empatada con Pressel) en el último U.S.Open.

A todas ellas, se une el tirón de Paula Creamer, que en su primer año en el circuito logró dos torneos la pasada temporada y se convirtió en la mejor rookie, sólo por detrás de Annika Sorenstam. La sueca no está sola, un grupo de osadas jovencitas va a hacer que no se deje de hablar del golf femenino en Estados Unidos.

Miyazato ya es un ídolo en su país, a la altura de las estrellas en las artes marciales y los dos japoneses más conocidos del depote estadounidense, los jugadores de beisbol Suzuki y Matsui. Profesional desde 2004, su nombre comenzó a sonar en el resto del mundo cuando a principios del pasado año ganó para su país (casi ella solita) la edición inagural de la Copa del Mundo femenina disputada en Sudáfrica.

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Triunfo al que siguieron otros seis en el circuito profesional nipón. Una de sus victorias coincidió con el Dunlop Phoenix que ganó Tiger Woods, y el share dictaminó que Miyazato había sido tres veces más vista en Japón que el número uno del mundo. Huelga decir que ha destronado en el corazón de sus copatriotas aficionados al golf al mejor jugador nacional en los últimos años, Shigeki Maruyama.

País megalómano por antonomasia, tanto en el deporte como en todo tipo de espectáculos, Japón tiene un nuevo fenómeno a quien aclamar, y esta vez los objetivos de sus cámaras apuntarán hacia una estrella nacional. Se lo merecen.

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