Los últimos acontecimientos sobre el penalizado dropaje de Michelle Wie en su primer torneo profesional confirman algo que sospechaba hace mucho tiempo: el oscuro librito que contiene las Reglas del Golf es tan conocido y respetado como el Libro del Mormón, más o menos.
El dropaje de la joven Wie en la tercera jornada del Samsung, entre 12 y 15 pulgadas más cerca de bandera de lo debido, le costó la descalificación a la hawaiana. Hecho grave número 1. Que la organización revise las imágenes al día siguiente, esa suerte de rearbitraje hace replantearse la esencia misma del juego. Hecho grave número 2. Pero que todo parta por la denuncia de un espectador que, aparentemente, gozaba de una inexistente vida sexual o no tenía nada mejor que hacer, eleva el esperpento al infinito.
Si los honorables socios del Royal & Ancient estaban reticentes a que la esbelta Michelle se sentara en sus salones a tomarse un earl grey calentito, ahora es posible que ni la dejen entrar al cuarto de palos.
Michelle Wie no sabe dropar. Vijay Singh falsificó sus tarjetas en el circuito de Australasia a mediados de los 90 y estuvo suspendido dos temporadas. Seve Ballesteros se lía a mamporros con un árbitro del Circuito Europeo. ¿Son estos los ídolos del golf que nos merecemos? No es por ser talibán, pero me inclino a pensar que el viejo y el joven Tom Morris, Bobby Jones y compañía tenían más respeto por el juego más honorable de cuantos existen.


Comentarios
La honorabilidad es cosa del pasado, sí. Incluso en deportes tradicionalmente "de caballeros" como el golf o el siempre vilipendiado rugby. En ambos deportes, las normas de la caballerosidad siempre estuvieron por encima de todo, incluso de las del propio juego. Pero, lamentablemente, parece que todo esto se está perdiendo.
“entre 12 y 15 pulgadas más cerca de bandera de lo debido” cuando la distancia a bandera era de unos 40 metros es un error humano perfectamente aceptable. Le costó la descalificación, sí, pero no he leído en ningún medio de comunicación decir que haya sido otra cosa distinta a un error de apreciación no intencionado.
“Que la organización revise las imágenes al día siguiente, esa suerte de rearbitraje hace replantearse la esencia misma del juego.” Así son las reglas de golf, y no es la primera ni la última vez que sucede esto.
“que todo parta por la denuncia de un espectador que, aparentemente, gozaba de una inexistente vida sexual o no tenía nada mejor que hacer, eleva el esperpento al infinito”. Lo esperpéntico no es esto, sino que el tal espectador era un periodista acreditado para estar dentro de las cuerdas que esperó al día siguiente para avisar a los árbitros, aún sabiendo que ello provocaba la descalificación de Wee, en lugar de avisarles cuando tomó conciencia del error de Wee, lo que tan sólo le hubiese costado dos golpes de penalidad, eso sí, el periodista hubiese perdido parte de la exclusividad de la noticia.
Michele aceptó la descalificación sin rechistar, con lágrimas, pero sin rechistar. Singh fue castigado por su falta convenientemente y Severiano pidió disculpas públicas siendo su expediente archivado. Tres datos que me dicen que la honorabilidad en golf es cosa del presente.