José Royo es un amigo canario que nos ha enviado una emotiva crónica sobre la presencia de Sergio García en Tenerife con motivo del I ProAm Memorial María García Estrada:
“Gracias por haber venido a Tenerife desinteresadamente a pasar un par de días con todos nosotros en recuerdo de María. Los que la conocíamos aunque fuera poco, sabemos que era una persona ejemplar, divertida, sana ….. y sobre todo amiga de sus amigos. Su familia se lo merece por todo lo que ha sufrido y la entereza que ha demostrado.
Gracias por ser uno más, por no ir de estrella. Gracias por dejar a un lado esos pequeños brotes de soberbia que los que te conocemos un poquito sabemos que los tienes y se te escapan de vez en cuando. Te he seguido en El Cortijo Club de Campo de Gran Canaria, Valderrama, Abama, nos saludamos de pasada en la entrada del túnel de vestuarios del Santiago Bernabeu cuando la semifinal de Champions entre el R. Madrid y el F.C. Barcelona y te puedo asegurar que el Sergio que he visto estos días le da mil vueltas.
Gracias por mostrar el mejor lado de Sergio García. Sabemos que anímicamente venías “chungo” del Masters como nos dijiste, que eras muy amigo de María y te había afectado mucho su enfermedad y muerte, pero tu profesionalidad y saber estar lo recordaremos todos los que compartimos contigo estos días. Gracias por aguantar más de dos horas y media repartiendo besos, apretones de manos, sonrisas, sacándote fotos, etc., con todo aquel que quiso.
Es la primera vez que veo a un top ten de cualquier deporte levantarse en los postres y pasar por todas, sí, sí, TODAS las mesas y eran unas 50 a 10 personas por mesa, hablando con todos, saludando y pasando un rato divertido. Tu sonrisa era sincera, como la del tee del 1 y eso se notó. Gracias por ser tu mismo, por acercarte tanto a todos los que estábamos allí. Gracias por derrochar amabilidad y buen humor. Me recordaste a Severiano Ballesteros cuando terminó su segunda ronda en el Canarias Open de España en El Cortijo, se viró a los pocos que estábamos allí y nos dio las gracias por haberle seguido ese día. Ese detalle viniendo de quien vino y sabiendo el carácter de Seve es inolvidable.
Gracias por hablar con los menores que en la cena estaban. Ese momento contigo no lo van a borrar de sus mentes nunca. Incluso le pediste a uno que se levantara para sacarse una foto. Gracias por tener esa delicadeza con todos ellos, por saber lo “cortados ” que estaban y que su grado de nerviosismo por estar a tu lado era tan grande como sus ganas por tocarte y sacarse una foto junto a ti. Bueno, ellos y algún mayor. Son el futuro y tus 26 años no están tan lejos de sus 16 ó 17.
Gracias por “amenizar” tu subasta. En más de una ocasión le quitaste el micro a Pablo (el presentador) para comentar cosas, pedir más puja, gastar bromas, etc. Nos lo pasamos realmente bien contigo.
Gracias por quitarte la coraza que te cubre casi siempre y que no veo mal. Sin ella sería fácil hacerte daño. Afortunadamente tengo amistad con varios pros y todos me decían lo mismo: “ESTAMOS VIENDO AL SERGIO MÁS HUMANO”, y eso es de agradecer.
Gracias por hacernos un poquito más felices en una noche que era especial para todos, y por lo que a mi respecta gracias por haber podido quitarme la espina que tenía clavada contigo de la última vez que hablamos en el Volvo Masters en Valderrama. Quizá no te dieras cuenta, pero en la sala de prensa cuando salías por la puerta no estuviste todo lo amable que debieras. Puede que no te dieras ni cuenta, pero los que estábamos allí nos quedamos un poco sorprendidos con tu reacción. Por cierto, la foto que me firmaste la tienen mis sobrinos en su álbum de fotos ocupando el lugar de honor. Lograste desbancar a sus ídolos del fútbol, y eso sí que era difícil. La bola me la quedé yo. Este sí que es el camino. Ojalá que tu bajo rendimiento deportivo (que esperemos que dure muy poco) te haya abierto los ojos a lo que realmente es importante.
Y gracias por haberte cortado el pelo y la perilla, mi novia y tus fans femeninas te lo agradecen.”
Y nosotros te damos las gracias a ti José por tu entrañable relato | José Royo

