
Si esta Presidents Cup se hubiera jugado como la mayoría de torneos regulares probablemente se hubiera planteado hasta su existencia. El equipo estadounidense ganó por una razón muy clara: presentaba jugadores en mejor estado de forma. Bubba Watson, Webb Simpson, Jim Furyk o Phil Mickelson presentaron sus credenciales habituales, los mismos que llevan mostrando durante esta temporada, para conseguir los puntos necesarios para la victoria. Sin embargo los acontecimientos no se sucedieron de una forma tan clara y aplastante. Pudimos ver golpes a bandera que terminaban entrando, putts que bailaban por los greenes de un portentoso Royal Melbourne y emoción, mucha emoción.
La culpa de un desarrollo tan improvisado de los argumentos de uno y otro equipo la tiene el match-play; el único método de juego capaz de hacer resucitar a un jugador en baja forma y hacerle mover el palo como en sus mejores momentos. En una ronda habitual, el golf enfrenta al jugador consigo mismo en un escenario de calma y silencio, pero en un cara a cara todo alrededor se agita y no es sólo el campo quien exige tu mejor golpe, sino otra persona en tu misma situación. Ninguna de estas sensaciones es desconocida para una persona aficionada a este deporte, y sin embargo, las ocasiones que se puede disfrutar de este formato se cuentan con los dedos de una mano a lo largo de todo un año.
En unos años en que las audiencias televisivas no muestran sus mejores números y que se pone en duda hasta la capacidad para aficionarse a este deporte, es inevitable preguntarse qué es lo que le gusta ver al público en una competición. Incluso en formato stroke-play se buscan duelos individuales entre grandes jugadores; la historia no ha hecho más que ensalzarlos: Woods contra Mickelson, Nicklaus contra Palmer, Hogan contra Snead. El único motivo por el que el último torneo de este año en el PGA Tour cobró más importancia de la habitual fue por ver un duelo al Sol entre Luke Donald y Webb Simpson.
En ese punto, en el que el duelo es una posibilidad, el match-play actúa como el magnetismo que une dos polos opuestos y provoca un enfrentamiento directo de las cargas. Ofrece la oportunidad de ver al mejor jugador europeo contra el mejor americano, cada uno en un estado de forma distinto pero dispuestos a ganar sin importar los medios: golpes de bunker golpeando el mástil de la bandera, ataques al green desde cualquier punto del campo, momentos en que la presión es lo que empuja a la bola a entrar o no en el hoyo. El golf está ávido de momentos como estos y alternar cuatro o cinco torneos por golpes con una competición match-play sólo conllevaría una cosa: más espectáculo.


Comentarios
La verdad es que no hay nada como un partido de match-play en golf, y muy especialmente para mi, cuando se juega 'foursomes'...
Puede que todo radique en la propia naturaleza del golf como deporte individual en el que se compite contra uno mismo y el campo, lo que dista bastante de la componente competidor/es contra competidor/es de los demás deportes. Parece algo más que evidente que los medios de comunicación busquen esa "salsa" que le ponen siempre a cualquier modalidad deportiva y, por ello, cuando una ronda del circuito llega con dos jugadores igualados, alimentan un enfrentamiento que yo no creo que sea real al cien por cien, pero que al menos permite aumentar la audiencia.
Creo que todos estaremos de acuerdo en pensar que el golf no nació como deporte de equipo y sin embargo, el seguimiento de audiencias masivas de millones de espectadores, curiosamente, se da en las competiciones de equipo (Ryder Cup y Presidents Cup) ¿Cuál es la razón? Pienso que en realidad esto de produce por una contaminación con la dimensión mediática de otros deportes (defensa del honor del campeón, del prestigio, de la bandera, de los colores....etc)
A pesar de todo lo que si resulta frustrante es que en los circuitos no se produzcan torneos con diferentes modalidades (me viene a la cabeza la unión temporal de jugadores/as que juegan, el circuito y los grandes de tenis, en pareja) pues, por ejemplo, sería fantástico poder ver parejas de jugadores de la PGA y el European Tour que se jugaran a "mano a mano" un torneo fourballs o foursomes.
Jugar Match Play es siempre especial. Aunque el deporte sea el mismo, simplemente con el cambio de modalidad hace que todo sea diferente. Creo que engancha, sobre todo cuando aprendes a jugarla, que no todos saben.
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