
Miguel Ángel Jiménez es diferente. He tenido la ocasión de escucharle en varias ruedas de prensa y leer algunas entrevistas suyas y su sinceridad y la manera tan abierta y sencilla con que explica las cosas, hace que le veamos de una forma mucho más cercana que a otros golfistas profesionales. Ni mucho menos digo que la mayoría de profesionales del golf se muestren distantes con la prensa y aficionados, me refiero más bien a que el caso del pisha es excepcional. En ambos circuitos se le respeta y admira por su indudable calidad, pero también se le quiere por su simpatía, amabilidad y manera divertida de ver la vida.
Recuerdo perfectamente la cara de asombro que se le quedó al reportero de turno cuando, nada más ganar el Open de Hong Kong en noviembre del año pasado, le preguntó a Miguel Ángel qué pensaba hacer: “Fumarme un puro, pegarme una buena cena esta noche y tomarme un whisky”, respondió el de Málaga.
Por esta línea han ido las declaraciones que ha hecho Jiménez a su llegada al Real Club Golf de Sevilla, que acabo de leer en la web de El Diario de Sevilla, hablando sobre su excelente actuación en el Masters de Augusta y sobre su particular régimen alimenticio:
“El Masters… tela, tela, ¡vaya tela! No es el Masters de Augusta, sino el de las angustias!”
“Augusta, la gente sabe dónde está porque se juega el Masters, pero allí no hay ná de ná. Cenábamos en casa, jugábamos una partidita de mus, luego un whisquito y un puro… ¡y en la gloria bendita!”.
“Mi juego está igual que siempre. He cuidado mucho la dieta, mucho jamón ibérico, buen vino, buen pescado y aceitito de oliva, y después… ¡me fumaba un torpedo!”.
¡Qué bien me cae este tío! Podéis leer las declaraciones al completo en la web de El Diario de Sevilla. No os las perdáis.

