La lesión invisible

3 comentarios

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Sucede en todas las disciplinas deportivas. Un jugador, en su mejor momento de forma, consigue alcanzar las cotas más altas de su carrera. En el golf su swing fluye a través de la bola y los putts dejan de ir bien tirados, para, simplemente entrar en el agujero. Su juego evoluciona hasta un momento en el que, aparentemente, nada puede funcionar mejor y se alcanza la cima del Everest. Mantenerse a un nivel tan alto está al alcance de muy pocos y las horas en la cancha de prácticas, los hoyos jugados, las ganas de ser mejor, a veces no son suficientes.

¿Cuánto éxito son capaces de aceptar? Sus casos se repiten cada poco y algunos de ellos llegan a acaparar titulares. Otros, sin embargo, caen en el más profundo olvido. Se trata de lesiones invisibles, en las que nada en particular empieza a fallar. Los psicólogos deportivos han aparecido como la cura en este tipo de situaciones pero echando la vista atrás, podemos ver que no siempre se obtienen buenos resultados.

El caso más flagrante de los últimos años ha sido David Duval. Diecinueve victorias como profesional, una de ellas en el Abierto Británico, presentaban la trayectoria de un jugador que llegó a plantarle cara a un Woods celestial. En el año 2000, nada parecía que pudiera batir al mejor jugador que hemos visto en la última década. Tiger ganó el U.S. Open, el British Open y el PGA Championship, además de otros seis torneos del PGA Tour. Un huracán enfurecido, sus zarpazos eran incontestables y su dominio culminó al año siguiente en el Masters de Augusta, convirtiéndose en el primer jugador en completar el Gran Slam en cuatro intentos. En aquel Masters el segundo clasificado fue David Duval.

Nada parecía indicar que después de ganar aquel British Open la caída fuera a ser tan pronunciada. Desde 1997 llevaba ganando torneos cada año mientras que en el 2002, su vida como profesional pasó a ser anodina. Bien es cierto que ha sufrido lesiones durante todos estos años y su predisposición para jugar no siempre ha sido óptima, pero no son los números a los que Duval debiera aspirar. Él lo sabe y sigue luchando. Estos días está jugando la Q-School para empezar el 2012 con buen pie.

El caso de Michael Campbell es muy similar. Su año 2005 está a la altura de las mejores temporadas que un profesional pudiera desear. Ganó el U.S. Open, quedó quinto en el Abierto Británico y sexto en el PGA Championship. Después de aquello llegó el silencio. Rich Beem y Shaun Micheel también están jugando este año la Q-School y ambos consiguieron ganar el PGA Championship (años 2002 y 2003 respectivamente). Len Mattiace ha tenido una historia muy similar pero se puede localizar perfectamente el momento y el lugar donde se rompió: el Masters del año 2003. Perdió una gran oportunidad de ganar ante un enorme Mike Weir en playoff, y de una manera algo cruel.

Stewart Cink, Graeme McDowell y Darren Clarke sufren dolencias con los mismos síntomas y solo el tiempo nos podrá decir si finalmente las han superado. Es la lesión más peligrosa que puede sufrir un golfista profesional. En muchas ocasiones, ha terminado con la carrera de muchos de ellos.

En Fuera de Límites | La cima del Everest

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Comentarios

  • 1

    Avatar de golfer !
    golfer | 4 estrellas

    Existen muy pocos deportes tan exigentes mentalmente como el golf. Muchos piensan que la exigencia proviene del nivel de concentración que se requiere manteniendo -a la vez- un estado de relajación y falta de tensión nerviosa, pero pocos saben que aún siendo esa componente importante, la mayor exigencia proviene de mantener la autoconfianza en uno mismo y en las propias posibilidades y performances, no sólo en cada partido, sino a lo largo de toda la temporada.

    Para quienes practicamos este maravilloso juego con más o menos dedicación y pretensiones varias, estas exigencias se lidian sabiendo que un día tienes todo de cara y otro no, y que -finalmente- todo acaba en el hoyo 19. Pero para quienes están en la alta competición, tales requerimientos se revelan complejos y durísimos de sobrellevar.

    Me gusta que hayas calificado de "dolencia" a estas demandas psicológicas, porque son peores que las lesiones físicas, que salvo que sean irreversibles, obtienen -en la ciencia médica de hoy día- múltiples soluciones.

    Mucho se ha escrito acerca de la preparación mental del golfista y apenas que buceemos un poco en toda esa bibliografía, llegaremos a la conclusión de que trabajar y entrenar la confianza supone un soporte esencial del juego, sobre todo cuando su fragilidad es tal, que cualquier circunstancia emocional mínima contraria a su estabilidad es capaz de destruirla.

    Pienso que en ella radica el tener o no tener un buen nivel de juego, porque el buen jugador de golf no es quien tiene un swing inmejorable o un golpe de putt magnífico, sino aquel que piensa adecuadamente -siempre- ante cualquier situación o circunstancia... aunque lo malo -como suele ser habitual- es que ello no forma parte de la instrucción normalizada... pero bueno, esa es otra historia.

  • Respondiendo a #1:
  • 2

    Avatar de mr_purito !

    Magnífica reflexión Golfer....¡¡¡

  • 3

    Avatar de vayavaya !

    Pues ya sé lo que me pasa. La verdad es que este deporte no hay quien lo entienda. LLegué a ser Hcp 4, en la actualidad y según la federación, 6,1 pero en la realidad me cuesta trabajo cumplir 18.

    Lego al campo de prácticas y le pego como Dios pero cuando me pongo en el Tee de 1 se me olvida todo. No sé cómo resolverlo, no veo un problema técnico, lo tengo todo en la cabeza. Ultimamente ya no me apetece ni jugar...

    Sólo de pensar lo que les puede pasar a los profesionales en esta situación me dan escalofríos.

    Me alucina la fuerza de voluntad que tienen jugadores como David Duval, John Daly, Campbell, etc que siguen dale que dale hasta que den con la tecla. El propio Seve sufrió su "pérdida de swing" sin encontrar explicaciones que justificaran tan bajo rendimiento. Hubo otros antes como Ian Bacher Finch, Johny Miller, David Feherty, etc que sufrieron problemas similares y que decidideron abandonar definitivamente la práctica profesional, ¿os imagináis qué decepción?

    Maldito/bendito juego!!!

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