
Graeme McDowell se sorprendería, como todos lo hicimos, al escuchar las noticias que llegaban la semana pasada sobre Tiger Woods y su accidente de coche, sin tener ni idea lo que le podría significar a él.
Woods fue cazado con acusaciones de haber tenido varias aventuras fuera de su matrimonio que llenaron las portadas de muchos periódicos de todo el mundo. McDowell, mientras tanto, se metía en la lista de participantes para el Chevron World Challenge, que podría convertirse tal y como están las cosas en su gran victoria de este año.
McDowell jugó el sábado seis hoyos consecutivos en Sherwood (California) en seis golpes bajo par, en su camino por terminar con 66 golpes y compartir liderato con Y.E. Yang (71 golpes) y entrar en la ronda final de la lucha por el torneo que dota al ganador en 5,75 millones de dólares.
Se encontraban en 10 bajo el par (206 golpes), dos golpes por encima de Padraig Harrington y el ganador de la Orden de Mérito del Circuito Europeo, Lee Westwood, con Ian Poulter y Jim Furyk a un golpe por detrás.
“Obviamente, es un gran respiro para el torneo no tener a Tiger aquí,” dijo McDowell. “Me siento muy afortunado de recibir la invitación. Fue una gran oportunidad para mí.”
El tiempo lo es casi todo para McDowell, jugador de 30 años procedente de Irlanda del Norte, número 55 del mundo. ¿Por qué? Pues porque es la primera vez que el Chevron World Challenge, el torneo de Tiger, reparte puntos para el Ranking Mundial y una victoria para Graeme podría llevarle a jugar el Masters el año que viene, o por lo menos darle muchas oportunidades.
Parecía que la Copa del Mundo celebrada en China la pasada semana sería la última participación de McDowell este año. Planeaba ir a Florida en vez de buscar puntos para el Ranking en Australia (donde finalmente ha ganado Adam Scott el Australian Open, la primera vez en su país natal). Prepararse para el año que viene y confiar en romper la barrera de los 50 primeros del mundo para conseguir estar en Augusta.
Justo en ese momento recibió una llamada: Tiger Woods no jugaría.
Viajó a Los Ángeles en su camino a casa y cuando llegó el Domingo por la noche le pidieron que se quedara un día más para saber qué iba a hacer definitivamente Woods.
McDowell se marcó tres birdies seguidos en sus nueve segundos hoyos. Nos dejó golpazos como un chip con madera 3 en el par 5 del hoyo 13 para eagle, a unos 6 metros del hoyo o un gran putt en el 15 para birdie. Su único bajón vino en el par 5 del hoyo 16, donde se fue a un hazard y cometió doble-bogey.
Yang también llegó desde China, de la Copa del Mundo pero sabía que jugaría en Sherwood. Ha tenido algunos problemas esta semana con algo de fiebre pero ninguno lo diría con el resultado que ha conseguido.
El campeón del PGA Championship abrió su ronda con un birdie y esperanzas de un gran día de golf pero se atascó hasta conseguir dos birdies más en los segundos nueve hoyos.
“Mientras transcurría la jornada mi cuerpo iba a menos, hice bogey en varios hoyos,” dijo.
Curiosamente, sólo unos pocos jugadores se sintieron peor que Harrington, que terminó con 70 golpes y perdió la oportunidad de ganar por primera vez esta temporada. ¿Por qué una cara tan triste? Harrington no estaba muy seguro.
El irlandés no coordinó bien ninguno de sus tiros, uno de esos días en los que pisas la calle del hoyo 1 y deseas llegar a la casa club.
“Debo de haber salido de la cama en una mala postura o algo,” dijo Harrington. “Algo no iba bien hoy. Jugué genial ayer, el primer día y horrible hoy. ¿Quién sabe qué pasará mañana?”.
Todo por decidirse en estos momentos en California y que coronorá a un campeón de un torneo en el que “no estuvo Tiger Woods”. Aunque seguiremos escuchando historias del número 1 durante (me temo) mucho tiempo, más vale hablar de golf, que es lo más bonito de todo esto.
Más Información | Golf.com


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