El Tour Europeo comunicó la semana pasada que había multado a Sergio García por darle una patada al cartel de un patrocinador tras hacer un doble bogey en el hoyo 17 de la jornada del sábado del Omega European Masters.
Seguro que fue un simple gesto de rabia que le habrá ayudado a descargar las malas vibraciones por el hoyo que acababa de jugar, pero hay ocasiones en que los jugadores deben tener en cuenta cual es la situación del deporte del golf y del negocio que mueve.
Recuerdo en el Open de Madrid de hace un par de años al propio García (no quiero personalizar que hay muchos jugadores que actúan igual) echarle una bronca a un cámara por colocarse en un sitio que le podía despistar, de una manera muy poco educada. También recuerdo a Andrew Oldcorn emprenderla con un niño de unos seis años porque se había movido (no creo que ni un centímetro).
Pienso que los jugadores profesionales se deben dar cuenta de que han logrado su estatus, patrimonio y fama, no gracias a que juegan muy bien al golf, sino a que hay personas que pagan por verlos jugar tan bien al golf, ya sea en directo o a través del televisor. Estoy seguro que hay jugadores de petanca que dominan tan bien su juego como el top 10 del ranking mundial de golf, pero también es cierto que no viven de ello porque no hay espectadores que los sigan.
En resumen, creo que debería desaparecer ese halo intocable de los jugadores de golf y acostumbrarse a jugar con cámaras en su línea de tiro, con muchos espectadores alrededor, y con todo lo necesario para que el deporte sea lo más accesible posible a las personas que lo ven. Supongo que lo último que espera un patrocinador es ver la imagen de su cartel, por el que ha pagado un buen dinero para que le reporte una imagen, pateado por un jugador
Otra cosa es que los espectadores deban tener educación. No es de recibo que en algunos campos de golf sigan sonando teléfonos móviles cuando un profesional está a punto de dar un golpe. Si por mí fuera, haría que el marshall los acompañase hasta la puerta del club.

