El duelo en la cumbre

2 comentarios

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El golf nos regaló ayer uno de esos días que recordaremos durante mucho tiempo. Ver un cara a cara tan directo entre los dos mejores jugadores del mundo es más habitual en otras disciplinas como el tenis o el fútbol, pero ayer Donald y Westwood se citaron ante su rival más fuerte y su principal motivación para ser mejores. Es probable que no estuviéramos ante uno de esos grandes duelos históricos que protagonizaron leyendas de este deporte, como Palmer contra Nicklaus, pero ambos sabían que tenían delante la otra cara de la moneda, la línea que les separaba de ser llamado “el mejor del mundo” y además, la victoria.

Cuando un torneo se gana con un resultado global de seis bajo par tendemos a pensar que las condiciones del mismo han sido atroces. Hemos podido ver varios U.S. Open con resultados más bajos y normalmente otro de los Grandes, el Masters de Augusta, cuenta con menos doblebogeys al final de los 72 hoyos. El BMW PGA Championship se ganó en estas cifras y nos habla muy claro sobre el campo donde se jugó. Wentworth no estaba en las condiciones más duras posibles pero sus profundos bunkers, sus árboles rodeando las calles y unos greenes a veces estrechos y duros hicieron estragos entre los mejores jugadores del mundo.

El torneo fue una sucesión de tropiezos inesperados. Cuando vimos a Matteo Manassero liderando el torneo junto a Álvaro Quirós, muchos pensamos que podríamos tener un domingo de infarto pero al igual que los birdies no terminaban por llegar los fallos se iban acumulando en sus tarjetas. Cuando un campo está fácil, con banderas asequibles y greenes que reciben bien la bola, cualquier jugador en racha puede ganar en una buena sucesión de hoyos. Es cuando las circunstancias no son tan favorables, incluso a veces injustas, cuando la cabeza de los jugadores empieza a cobrar un papel mucho más importante que su propio swing. La representación de esta idea cobró ayer forma en Luke Donald: el hombre con un movimiento perfecto, capaz de repetirse hasta la saciedad en su empeño de llegar al hoyo, inmutable ante un mal golpe y poderoso en los greenes. Muchos abríamos los ojos estupefactos al ver como fallaba una calle detrás de otra, su bola rebotaba en los árboles o fallaba tiros a bandera que en circunstancias normales terminarían siempre bailando alrededor del hoyo. Luke también fallaba, pero su reacción fue mucho más impresionante que el cómputo de errores.

Ayer Donald no consiguió el número uno del mundo porque su juego estuviera un peldaño por encima del resto sino por pura convicción. Dudo mucho que se sintiera cómodo en cualquiera de los tees de salida de Wentworth pero como nos comentó Ovidio hace unos días, “jugó con lo que tenía” y aguantó uno detrás de otro los problemas que le surgieron en el camino, incluyendo dos bogeys en sus dos primeros hoyos. No fue ni muchísimo menos el mejor día de juego que hemos visto del inglés pero estoy seguro que sus rivales se quedarán mucho más preocupados después de ver su última vuelta que del Luke que coge todas las calles; porque a pesar de su aparente tranquilidad se despertó el animal competitivo que lleva dentro y consiguió batir al resto de jugadores con menos de lo que normalmente necesita. En sus propias palabras: “Seve estaría orgulloso de mí”.

Westwood jugó una gran vuelta con un resultado de tres bajo par. Su juego largo fue bastante sólido y la única pega que se le puede poner es que no supo finalizar el torneo. Mientras el backspin de su tercer golpe en el playoff empujaba su bola hacia el agua posiblemente se acordara de algunas de las ocasiones perdidas. Fue una diferencia crucial, mientras uno llegaba con la sensación de haberse creado una oportunidad de victoria el otro era consciente de que ya podía haber ganado. La derrota debió de ser bastante dolorosa por todo lo que significaba un duelo entre ambos pero el ver a Westwood arrojando el putter con rabia hacia su bolsa no me transmite una sentimiento de derrota, sino de ganas de revancha. Primer asalto a favor de Donald, esperaremos el segundo con muchísima impaciencia. Qué gran torneo de golf.

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Comentarios

  • 1

    Avatar de ortiki !
    ortiki | 2 estrellas

    Fantástico espectáculo el de ayer, sobre todo ver a más 20.000 personas en un campo de golf en un torneo ordinario del Circuito Europeo. No obstante, no os parece injusto que escapada tras escapada, tanto de Manasero, Westwood o el propio Donald, esa marea humana parara la bola impidiendo que ésta fuese al bosque? Habría alguna forma de evitarlo? Un saludo

  • Respondiendo a #1:
  • 2

    Avatar de Enrique Soto !

    Ahí tienes razón! Si llegamos a jugar tú o yo seguro que no encontramos muchas de las bolas. Es un debate que se abrió ya con Tiger porque en su partido iban tres veces más de gente que en el resto juntos y claro, hay ventajas. Es algo que no se puede evitar supongo...

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